Ama y haz lo que quieras
Si callas, callarás con amor,
si gritas, gritarás con amor,
si corriges, corregirás con amor,
si perdonas, perdonarás con amor.
si gritas, gritarás con amor,
si corriges, corregirás con amor,
si perdonas, perdonarás con amor.
Si está dentro de ti
la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz.
la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz.
(San Agustín)
Callar, gritar, corregir, perdonar… amar … ¡vaya!. Palabras que en muchas circunstancias de la vida de Martincho se hicieron realidad. Acciones que no necesariamente él las hizo con amor. Acciones basadas en el amor que, décadas después de sus muertes, Martincho pudo reconocer en sus padres. De hecho, hay algunos afortunados que crecieron formándose con la pedagogía del amor de sus padres. Hoy son cada vez menos esos agraciados. Martincho evidencia esta realidad en la escuela donde trabaja: cada vez más niños y niñas son abandonados o desatendidos por sus padres.
La ruta que aún no termina:
1986. A los 17 años, Martincho quiere dejar su casa, su provincia, para irse a Lima, a una congregación de religiosos franciscanos. Muchos años después aceptó que con el pretexto de servir a la humanidad, decidió, sin mucho pensar ni planificar, buscar una aparente libertad. “NO QUIERO QUE TE HAGAS ESCLAVO DE LOS DEMÁS” fueron las sabias palabras de su padre, un humilde comerciante, autónomo, independiente, independizado, trabajador de día y de noche…. Igual que su esposa. Los padres de Martincho callaron, gritaron, corrigieron, perdonaron… amaron. Y Martincho se fue feliz a la capital.
1983. Martincho CALLABA muchas veces cuando recibía órdenes de los sacerdotes que dirigían su servicio de acólito en las misas vespertinas de su parroquia. Pero también guardaba silencio cuando escuchaba las emergentes ideas de una teología de la liberación que comenzaba a estrechar sus brazos a los catequistas inconformes de su época. Retiros, encuentros, jornadas, acción pastoral, servicios a la comunidad. Experiencias que fueron marcando la existencia del aún adolescente. A Martincho le entusiasmaba mucho salir de casa los fines de semana para unirse a muchos grupos de ACCIÓN SOCIAL. Estaba metido en todo. Le encantaba liderar patrullas de scouts, grupos de sacristanes, catequistas de primera comunión. Era feliz con tanta acción y escasa reflexión. Sin embargo, el sentido de la planificación recién sentaba raíces en su modus vivendi.
1989. En Lima la violencia terrorista comenzaba a sentirse cada vez con más fuerza. Ya eran miles las víctimas de una irracional guerra interna. Martincho decidió GRITAR junto con muchos amigos del instituto Superior Teológico de Lima: NO A LA VIOLENCIA. A partir de entonces, comprendió que parte de su vida, de sus planes, requieren muchas veces del GRITO pensado y reflexionado. A partir de entonces, aprendió a salir a las calles a expresar su descontento frente a cualquier injusticia. Las huelgas y los paros del magisterio de su país contaban con su presencia… y con su GRITO.
1990. 18 de febrero. Martincho tuvo que pedir PERDÓN a su padre yaciente. Comprendió que el perdón solicitado lo hubiera hecho antes. Entonces pidió PERDÓN con más amargura. Comprendió también que la pedagogía del amor de su padre era sencillamente que Martincho sea LIBRE antes que piense en LIBERAR a los demás. A partir de entonces el camino por entender cómo hacerlo fue muy largo y agreste.
2002. En plena efervescencia de su vida como hijo y como profesor, Martincho aprende a CORREGIR, pero no siempre con amor. Muchas veces es llevado por el resentimiento, por el miedo al desprestigio, por el orgullo. Su mejor ejemplo de CORRECCIÓN es su madre. Esa mujer que desde siempre corrigió con amor a sus tres hijos dejaba de existir en diciembre de aquel año. De ella aprendió que cuando corriges con amor no necesariamente serás entendido. No dudes en aceptar el rechazo cuando corrijas. Por ello, Martincho comprendió que CALLAR luego de CORREGIR, es recomendable. CALLAR. Algún día, Dios mediante, el sujeto, a quien corrijas con amor, entenderá…. Y quizás te amará.
2011 Han pasado varias décadas. De sus padres aprendió a PERDONAR con amor. Pero Martincho sabe que esta es la palabra más DIFÍCIL de hacerse realidad. De hecho que el AMOR y el PERDÓN son los aliados eternos de una vida realmente feliz. Martincho ha tenido que pedir PERDÓN muchas veces. Sabe que tendrá que hacerlo aún, mientras exista. Sin embargo, no tantas veces ha podido perdonar. Al menos se ha dado cuenta de esa doble realidad. Lo que ha aprendido desde que decidió etiquetar su Nick del Messenger con “AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS” es que todo plan que construya en el resto de sus días, tendrá como lema aquella brillante idea que un tal Agustín dejó como herencia a esta humanidad que nunca deja de aprender… y de liberarse. La mejor herencia que algún día dejará a su hija… con amor.
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